Administrar riesgos y transformar más agua en más producción

La campaña 2026/27 combina una alta disponibilidad inicial de agua con perspectivas productivas favorables. Desde el INTA destacan la importancia de diferenciar ambientes, ajustar las estrategias de manejo y monitorear el nivel de las napas para aprovechar el agua disponible y reducir los riesgos productivos más allá de los límites de cada lote.

La campaña agrícola 2026/27 presenta un escenario particular: las buenas reservas de agua útil ofrecen condiciones favorables para alcanzar altos rendimientos, aunque también reducen la capacidad de los suelos para absorber nuevos excesos. De hecho, estimaciones del sistema SEPA-INTA indican que las reservas de agua útil se encuentran entre el 80 % y el 100 % en gran parte de la región pampeana. Este escenario se complementa con el monitoreo de napas, que mostró durante el invierno un ascenso significativo.

De acuerdo con Jorge Mercau —especialista del INTA San Luis—, en ambientes donde la napa se encuentra a menos de tres metros de profundidad hay que agregarla a la oferta y, además, considerar que las estimaciones mediante sensores remotos pueden subestimar el almacén de agua disponible. Esta situación resulta especialmente relevante en sectores del sudeste de Córdoba y sur de Santa Fe, donde el nivel freático aumenta la oferta, pero también condiciona la capacidad del paisaje para procesar excedentes hídricos.

Las proyecciones para el trimestre octubre-noviembre-diciembre muestran una alta probabilidad de continuidad de la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), asociada con un escenario de mayor disponibilidad de precipitaciones.

“El análisis de campañas anteriores también aporta elementos para la toma de decisiones”, indicó Mercau, quien hizo referencia al uso de la herramienta AgroENSO, presentada recientemente. Gracias a ella, determinaron que, en los años bajo la influencia de El Niño, el rendimiento nacional del maíz superó el promedio en 10 de las 12 campañas analizadas, mientras que la soja de primera registró rendimientos superiores al promedio en el 91 % de los casos. Sin embargo, esa respuesta es el resultado agregado de decisiones en distintos ambientes, algunos donde se exploró muy alta productividad y otros donde se perdió superficie sembrada.

“El escenario, por lo tanto, puede representar una oportunidad productiva, siempre que el manejo contemple las diferencias entre ambientes y el riesgo asociado a los excesos hídricos”, señaló el especialista en un informe elaborado por profesionales que trabajan en distintas unidades del INTA y en el GEA-Conicet (bit.ly/462pX9y).

Ajustar el manejo según cada ambiente

La disponibilidad de agua no es homogénea dentro de los establecimientos. Por eso, una de las claves para esta campaña será diferenciar ambientes y adaptar las decisiones de manejo a las condiciones de cada lote.

En los ambientes de mayor productividad, correspondientes principalmente a las Clases de Uso de Suelo (CUS) I y II, las condiciones hídricas permiten plantear estrategias orientadas a capturar el potencial productivo. Allí, “las siembras tempranas, el uso de híbridos de alto potencial y densidades medias a altas pueden ser alternativas, acompañadas por un manejo nutricional basado en el diagnóstico de nitrógeno y fósforo”, expresó Mercau.

En ambientes con mayores limitantes, como suelos arenosos o con restricciones productivas —CUS III a VI— y sin influencia significativa de la napa, puede ser conveniente retrasar la fecha de siembra para ubicar el período crítico de los cultivos en condiciones de menor demanda atmosférica y reducir la variabilidad de los rendimientos. Sin embargo, en los suelos arenosos la cercanía a la napa ofrece una oportunidad para lograr alta productividad, más acotada que los I y II pero es un cambio muy relevante, destacó el profesional.

En sectores deprimidos, con napas ubicadas a menos de un metro y limitaciones para que los cultivos usen el agua fácilmente, la estrategia debe priorizar el escape a los períodos de anegamiento. “En estos ambientes, las siembras tardías y el uso de cultivares de soja de ciclo corto pueden contribuir a mejorar la implantación y anticipar la cosecha”, detalló el especialista del INTA.

Monitorear para tomar decisiones

En una región con pendientes muy bajas, el movimiento del agua es lento y los excesos hídricos pueden permanecer durante períodos prolongados. Por eso, “las estrategias de manejo deben contemplar la dinámica del agua con una mirada más amplia, en el espacio y en el tiempo”, indicó Mercau. Dentro de una campaña agrícola, es clave anticiparse en el otoño con cultivos de cobertura, o forzando un planteo de doble cultivo de cosecha. Asimismo, el manejo de la napa puede contemplar partes del paisaje con pasturas, que brinden vecinalmente una oportunidad a la agricultura, generando así una oportunidad para integrar la ganadería a nivel de las empresas.

En este contexto, “el monitoreo de las napas y la disponibilidad de herramientas digitales adquieren un papel central”, expresó Mercau, quien añadió que plataformas como RedMATE y el tablero de monitoreo de napas del INTA permiten consultar y aportar información freatimétrica para conocer la evolución de los niveles de agua y mejorar la planificación.

FUENTE: INTA Informa