¿Cuánto cuesta incorporar riego tras la aprobación del RIMI?
La baja de impuestos a la importación y el RIMI impulsaron la demanda de equipos de riego. Especialistas del INTA Manfredi analizaron cuánto cuesta incorporar esta tecnología, qué impacto genera y cómo el nuevo régimen puede favorecer su adopción.

La agricultura argentina tiene un gran potencial de crecimiento a partir de una mayor adopción de equipos de riego, una tecnología clave para potenciar los cultivos extensivos. En ese marco, la aprobación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) incorporó beneficios impositivos que amplían las posibilidades de inversión.
Con tres décadas de trabajo en la temática, especialistas del INTA Manfredi analizaron las implicancias productivas y económicas de la medida, el aporte del riego a los cultivos y los costos de su incorporación en el marco de la incidencia de la baja de impuestos a la importación y el RIMI en la compra de nuevos equipos.
Martín Giletta, jefe del Departamento de Economía del INTA Manfredi, señaló que el nuevo régimen avanza sobre factores que limitaban la adopción tecnológica. “La reducción del IVA sobre la tarifa de energía eléctrica y la amortización acelerada son avances desde el punto de vista contable, financiero e impositivo, que van a mover la aguja en el crecimiento del área regada”, afirmó.
Se calcula que, en los próximos años, la tecnología podría expandirse sobre 6 millones de hectáreas sembradas con cultivos extensivos en el país, frente a las 2 millones actuales. “Estaríamos triplicando la superficie potencial irrigable que dispone del recurso en un corto plazo, con impacto en la economía del sector y del país”, sostuvo.
Rendimiento, márgenes y estabilidad
La EEA INTA Manfredi tiene una larga trayectoria en el uso y la investigación de riego. “En 1996 instalamos el primer pivote sobre 30 hectáreas. Hoy contamos con 700 hectáreas irrigadas”, recordó Aquiles Salinas, director del INTA Manfredi. Allí se realizan ensayos y producción de granos y pasturas con equipos de pivote central y riego por goteo enterrado.
Salinas destacó que el principal aporte del riego pasa por mejorar los rendimientos y, sobre todo, por darle estabilidad al sistema frente a una mayor variabilidad climática. “Además del salto productivo, el riego reduce el riesgo en ciclos con déficit hídrico, incluso cuando una sequía haría inviables los planteos en secano ”, indicó.
“Hoy la mirada es que el riego no es el bombero que apaga el incendio de la sequía de un año, sino una herramienta que permite planificar los próximos diez años”, agregó Salinas.
Noelia Barberis, investigadora del Departamento de Economía del INTA Manfredi, aportó datos de la experimental, donde se observa una respuesta marcada al riego. En trigo, el rendimiento promedio pasa de 2341 a 6976 kilos por hectárea, con un aumento de 4635 kg/ha, y casi triplica al del secano. En maíz, sube de 7740 a 14.890 kg/ha, con una mejora de 7150 kg/ha, equivalente a casi el doble. En soja de segunda, pasa de 2550 a 3543 kg/ha, con una suba de 993 kg/ha.
Ese resultado se alcanza con aplicaciones promedio de 300 milímetros en trigo, 250 en maíz y 150 en soja de segunda con un sistema de riego por goteo enterrado. Al traducir esos rindes a valor económico, sin considerar costos de producción y tomando como referencia los precios del Mercado a Término (A 3 Mercados) vigentes al momento del análisis, el diferencial de Valor Bruto de Producción asciende a 1029 dólares por hectárea en trigo, 1330 en maíz y 327 en soja.
Menos costos de energía
Si bien los impuestos no suelen incorporarse al análisis operativo del costo de riego, sí tienen un fuerte impacto financiero sobre las empresas. “La reducción de la alícuota en la factura eléctrica implica una menor erogación y también ayuda a no acumular tanto crédito fiscal”, indicó Giletta.
Aún con estos beneficios, la energía eléctrica continúa siendo el principal componente del costo operativo del riego. Por eso, alentó a evaluar nuevas alternativas para generar energía en origen, ya sea a partir de biomasa en establecimientos con ganadería o mediante fuentes renovables, como los paneles solares.
Aumento de la demanda por equipos más baratos
El RIMI mejora la ecuación contable y financiera de las empresas al permitir amortizar más rápido la inversión en equipos en el impuesto a las ganancias, lo que reduce la carga fiscal en los primeros años y mejora la disponibilidad de efectivo. Además, habilita el cómputo de los créditos fiscales de IVA tras tres períodos fiscales mensuales.
Ambos instrumentos inciden de manera directa en la decisión de invertir. Según un relevamiento del INTA entre empresas proveedoras, un sistema por pivote de dos o tres posiciones puede rondar los 2500 dólares por hectárea, mientras que el goteo enterrado se ubica entre 3200 y 3300 dólares. “El alivio impositivo y financiero puede ser clave para definir la inversión”, dijo Giletta.
Barberis recordó que estos beneficios se suman a otras medidas que redujeron la carga impositiva sobre equipos importados y abarataron esta tecnología. Consultado por el INTA, Arcamir Suárez, gerente de Riego de la empresa Conci, indicó que los insumos se redujeron al menos 30%, con impacto directo en las cotizaciones. “En riego por goteo enterrado, hoy estamos presupuestando entre 2800 y 3300 dólares por hectárea, cuando antes estos valores se ubicaban entre 3500 y 3800 dólares”, precisó.
Esa baja de precios, sumada al anuncio del RIMI, reactivó el interés de los productores. “Las consultas aumentaron al menos 50 % respecto del año pasado y eso ya se tradujo en un 20 % más de ventas. De todos modos, esto es muy reciente y proyectamos un incremento de, por lo menos, 40 %”, adelantó.
Cerrar brechas tecnológicas
La expansión del riego abre una ventana de oportunidad en un momento de reconfiguración del negocio agrícola, tanto por el escenario internacional de precios como por los cambios en los precios relativos a nivel local. “Estamos entrando en un ciclo donde la rentabilidad agrícola puede estar bastante exigida”, advirtió Giletta.
“Las empresas tienen el desafío de cerrar brechas tecnológicas, en un contexto con menores precios y mayores costos”, afirmó. En ese sentido, el riego es una oportunidad para mejorar la eficiencia y la productividad, y estabilizar los sistemas. “Cuando el riego se integra a estrategias de agregado de valor en origen, como con la transformación del grano en proteína animal, su impacto es aún mayor. Es una tecnología llave”, agregó.
Entre los desafíos pendientes, advirtió sobre la necesidad de generar nuevas formas de contratos en campos arrendados, que representan el 70 % de la producción. “Para un productor que alquila, encarar una inversión de este tipo es complejo, porque al finalizar el contrato no puede recuperar todo lo destinado a esa mejora. Eso exige acuerdos entre privados, con plazos más largos que permitan viabilizarla”, concluyó.
FUENTE: INTA Informa







