Pautas para asegurar colmenas fuertes en la próxima campaña

El manejo sanitario y nutricional durante el otoño es determinante para la supervivencia de las colmenas y su rendimiento futuro. Así lo aseguran los especialistas del INTA Rafaela, quienes recomiendan evaluar cada colonia, controlar la varroa y asegurar reservas energéticas y proteicas adecuadas para sostener colonias fuertes y productivas.

Con el cierre de la cosecha de miel, la actividad en los apiarios entra en una etapa clave: la invernada. Lejos de ser un período pasivo, el receso productivo exige decisiones precisas para ordenar las colonias y prepararlas para atravesar meses en los que disminuye el ingreso de néctar y polen. En ese contexto, el enfoque del INTA pone el acento en una planificación integral que combine diagnóstico, manejo sanitario y nutrición.

“Lo que se haga en este momento, desde la sanidad hasta la alimentación y la organización del apiario, define la capacidad de las colmenas para atravesar el receso y arrancar con fuerza el próximo ciclo productivo”, resumió Natalia Bulacio Cagnolo, especialista del INTA Rafaela —Santa Fe—.

El primer paso es conocer con claridad el estado de cada colmena. Para eso, la categorización aparece como una herramienta práctica que permite ordenar el trabajo y definir prioridades. El criterio es sencillo: se basa en la cantidad de cuadros cubiertos por abejas, un indicador directo de la población.

Las colmenas más pobladas, con más de siete cuadros cubiertos, tienen mayores probabilidades de atravesar el período sin inconvenientes. Aquellas con cinco o seis cuadros también pueden sostenerse, mientras que las más débiles requieren intervenciones para mejorar sus condiciones.

A partir de ese diagnóstico, la especialista remarcó que la categorización permite ordenar el manejo dentro del apiario y tomar decisiones oportunas. “El objetivo es que la mayor proporción de las colmenas que ingresan al invierno sean de categoría I para asegurar una buena base productiva en la próxima temporada”, señaló.

Sanidad: foco en el control de varroa

Otro de los puntos críticos en esta etapa es el manejo sanitario. En este punto, Bulacio Cagnolo recomendó realizar un diagnóstico sanitario mediante monitoreos en al menos el 10 % del apiario (con un mínimo de seis colmenas), tomando muestras sobre abejas nodrizas. Esta evaluación debe hacerse antes del tratamiento —para conocer el nivel de infestación— y después —para verificar su eficacia—.

La técnica más utilizada es la prueba del frasco, que permite estimar el porcentaje de infestación. Hacia el final de la temporada, los niveles pueden oscilar entre el 5 % y el 10 %, e incluso alcanzar valores cercanos al 20 % en nuestra región.

“El objetivo del tratamiento es reducir la infestación a menos del 1 %, un valor de referencia para clima templado que permite a las abejas atravesar el receso en buenas condiciones”, señaló Bulacio Cagnolo.

Además, el tratamiento debe aplicarse con la anticipación suficiente para cubrir los dos últimos ciclos de cría, de donde surgirán las abejas que sostendrán la colonia durante el invierno y cuidarán las primeras crías en primavera.

La especialista remarcó, también, que “es esencial fortalecer los esquemas de vigilancia activa ante la amenaza latente que representa el Pequeño Escarabajo de las Colmenas-PEC (Aethina tumida). Dada su presencia confirmada en países limítrofes como Paraguay, Brasil y Bolivia, la implementación de trampas de monitoreo y la inspección ocular exhaustiva en los apiarios constituyen la primera línea de defensa”.

Otro aspecto central es la nutrición. Para atravesar el receso productivo, las colonias deben contar con reservas energéticas y proteicas de calidad.

Estas reservas pueden generarse naturalmente durante el final del flujo de néctar o mediante suplementación. En este caso, se recomienda el suministro de jarabe de azúcar (relación 2:1) o jarabe de maíz de alta fructosa 55 (JMAF 55), en grandes volúmenes y en un período corto, para inducir el bloqueo de la cámara de cría.

Este manejo reduce la postura de la reina y favorece que las abejas acumulen reservas en sus cuerpos grasos, un tejido clave para su supervivencia. Allí se almacenan lípidos, proteínas y glucosa, además de compuestos vinculados a la detoxificación de agroquímicos, entre otras funciones clave para su fortaleza.

En cuanto a la suplementación proteica, debe garantizar un adecuado contenido de proteínas (20 % o + de PC), aminoácidos y ácidos grasos esenciales, generalmente aportados mediante tortas proteicas autorizadas para su uso en abejas. Las tortas deben colocarse próximas al nido de cría, de esta manera las nodrizas lo aprovechan mejor y desperdician menos.

“La próxima temporada apícola comienza a definirse en este momento del año, a partir de las decisiones de manejo que se tomen en los apiarios”, subrayó la especialista. Por esto, es necesario tener una mirada integral sobre el estado de las colmenas, donde la organización de la cámara de cría, la disponibilidad de reservas, el control sanitario y la planificación de tareas como el recambio de reinas o la conservación del material apícola se vuelven aspectos centrales.

Anticiparse a los períodos críticos, conocer la condición de cada colonia y actuar en consecuencia permite reducir riesgos durante el invierno y sostener colonias en condiciones de retomar su desarrollo cuando se reactive la actividad.

“Más que el cierre de una campaña, esta etapa representa el punto de partida para construir colmenas más fuertes, sanas y productivas en la temporada siguiente”, puntualizó Bulacio Cagnolo.

FUENTE: INTA Informa