Alerta campo | El agro argentino pierde 50% de agua y la tecnología aparece para prevenir

Con la apertura de una nueva edición de Expoagro, la eficiencia en el uso de los recursos hídricos se posiciona como un eje central para el productor argentino. En un sector que representa el 80% del consumo de agua del país, cada gota cuenta. Es en este escenario donde las tuberías de PVC (policloruro de vinilo) emergen como una solución tecnológica de alto impacto, ofreciendo durabilidad, eficiencia y un retorno de la inversión tangible para optimizar los sistemas de riego presurizado.

Argentina avanza en la modernización de su agricultura. Datos recientes de la Secretaría de Agricultura indican que la superficie bajo riego ya alcanza los 2.16 millones de hectáreas, con una inversión récord que superó los 126 millones de dólares en los últimos años y sumó más de 35,000 nuevas hectáreas irrigadas. Sin embargo, el potencial es aún mayor: el país podría triplicar esta cifra hasta alcanzar los 6 millones de hectáreas.

Este impulso se ve reforzado por un marco de políticas activas que buscan facilitar el acceso a la tecnología. En el Congreso, el debate sobre el financiamiento de inversiones ha cobrado protagonismo con la creación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), que pone especial énfasis en proyectos orientados al riego. Este régimen ofrece beneficios fiscales clave, como la amortización acelerada de equipos en una sola cuota y la devolución de créditos de IVA, para inversiones que van desde los 150,000 dólares para microempresas hasta los 9 millones para medianas empresas. De aprobarse en los términos planteados estas medidas, sumadas a iniciativas ya vigentes como la reducción de aranceles a la importación de equipos del 14% al 2% y la mejora en las condiciones de financiamiento del Banco Nación, con plazos de hasta 10 años, podrían generar un entorno favorable para la adopción de sistemas de riego más eficientes.

El desafío no es menor. Históricamente, el riego en Argentina ha estado dominado por el método de escurrimiento superficial o gravitacional, que representa el 70% del total. Este sistema, aunque extendido, presenta una eficiencia promedio de apenas el 40%, con pérdidas de agua que pueden llegar al 50% en provincias como Mendoza. La transición hacia sistemas presurizados como la aspersión (21%) y el goteo (9%) es clave para mejorar la productividad y la sostenibilidad.

Es aquí donde el PVC demuestra su valor estratégico, alineándose con las necesidades de un agro que busca maximizar rendimientos y minimizar costos operativos.

Una de las propiedades más destacadas de las tuberías de PVC, certificadas bajo estrictas normas de calidad como la IRAM 13351 para conducción de agua a presión, es su eficiencia hidráulica superior.

El sello de conformidad garantiza el espesor de pared adecuado, el diámetro exacto y la resistencia al impacto necesarios para sistemas presurizados. Además, el coeficiente de rugosidad extremadamente bajo del material reduce la fricción, permitiendo que el agua fluya con mayor facilidad. En la práctica, esto se traduce en un menor esfuerzo para las bombas de riego, generando un ahorro directo y medible en combustible o electricidad.

Además, a diferencia de otros materiales, el interior liso del PVC evita la formación de incrustaciones, asegurando que el diámetro de la tubería se mantenga constante a lo largo del tiempo y preservando la eficiencia del sistema durante toda su vida útil, que puede superar los 50 años.

La Asociación Argentina del PVC (AAPVC), entidad que reúne a los principales actores de la industria, respalda activamente el uso de este material en el agro. La asociación destaca que el PVC es “una de las mejores opciones para la conducción de agua bajo presión en sistemas de riego”. Enfatizan que la combinación de alta resistencia, durabilidad, facilidad de instalación y uniones seguras lo convierten en una inversión inteligente y sostenible. Subrayan, además, su baja rugosidad interna como un factor clave para la eficiencia energética y su condición de material reciclable, alineado con las crecientes demandas de sostenibilidad en la producción agrícola. Para la asociación, optar por el PVC es “apostar por una agricultura más eficiente y sostenible, optimizando recursos y reduciendo pérdidas”.

El campo es un entorno exigente. Las tuberías de PVC están diseñadas para soportarlo. Su inmunidad a la corrosión es total, tanto frente a los químicos utilizados en el fertirriego como a la acción de los minerales presentes en el suelo y el agua. Esta resistencia química garantiza que el sistema no se degrade y que la calidad del agua que llega a los cultivos no se vea comprometida.

Otro factor crítico es la resistencia a la presión y al golpe de ariete. El PVC posee una excelente resistencia a la tracción, lo que le permite absorber sobrepresiones repentinas causadas por paradas o arranques bruscos de las bombas, minimizando el riesgo de roturas y costosas reparaciones. Sumado a esto, sus uniones —ya sea por junta pegada o junta elástica con aro de goma— aseguran una hermeticidad total, eliminando filtraciones que no solo desperdician agua, sino que también pueden provocar la erosión del suelo circundante.

Con la mirada puesta en Expoagro 2026, donde se presentarán las últimas innovaciones para el sector, la elección de los materiales para la infraestructura de riego se vuelve una decisión estratégica. El PVC no es solo un tubo; es una herramienta que potencia la productividad, reduce costos y promueve un uso más inteligente y sostenible del recurso más valioso para el campo: el agua.

FUENTE: Asociación Argentina de PVC – Lic. Natalia Quintana (Senior PR Specialist)