La nutrición de la vaca puede definir el futuro productivo del ternero
Un trabajo del INTA Cuenca del Salado determinó que la alimentación de la madre durante la gestación influye en el crecimiento, la calidad de carne, la fertilidad y la salud de la descendencia. Los efectos pueden extenderse durante toda la vida del animal.

Durante décadas, el manejo nutricional de la vaca de cría estuvo orientado principalmente a mejorar los índices reproductivos del rodeo. Sin embargo, la investigación científica comenzó a demostrar que la alimentación durante la gestación tiene un alcance mucho mayor: también condiciona el desarrollo del feto y puede definir buena parte del desempeño productivo de los terneros una vez nacidos.
Este fenómeno, conocido como programación fetal, es analizado por investigadores del INTA Cuenca del Salado, quienes destacan que las restricciones nutricionales durante la gestación pueden dejar efectos permanentes sobre el crecimiento, la eficiencia productiva, la calidad de carne, la capacidad reproductiva e incluso la respuesta inmunológica de la descendencia.
“Hoy existen suficientes evidencias que indican que la nutrición de la vaca durante la gestación es de gran importancia porque condiciona el desarrollo del feto y puede tener efectos a largo plazo sobre la sanidad, el desarrollo reproductivo y la calidad de carne”, sostuvo Sebastián Maresca, especialista de la Estación Experimental Agropecuaria Cuenca del Salado del INTA.
Los primeros trabajos ya habían demostrado que una restricción energética durante la gestación reduce el estado corporal de la vaca al parto y disminuye el peso de los terneros al nacer. En ensayos realizados por el INTA en la Chacra Experimental Manantiales, en Chascomús, las vacas alimentadas con solo el 50 % de sus requerimientos nutricionales produjeron terneros que nacieron con alrededor de dos kilogramos menos, registraron menores ganancias de peso durante la lactancia y llegaron al destete con aproximadamente diez kilogramos menos que aquellos nacidos de vacas correctamente alimentadas.
En este sentido, Maresca explicó que, en los sistemas de cría argentinos, “las restricciones nutricionales suelen coincidir con el invierno, cuando disminuye la oferta y la calidad del forraje”. En esas condiciones, distintos estudios muestran que la suplementación proteica durante el último tercio de la gestación no modifica el peso al nacimiento, pero sí mejora el crecimiento posterior, con diferencias de entre siete y nueve kilogramos al destete a favor de los hijos de vacas suplementadas.

La influencia de la nutrición materna no se limita al crecimiento. Durante la gestación se forman la mayor parte de las fibras musculares y comienzan a desarrollarse las células grasas. Por eso, una alimentación deficiente en ese período puede reducir la masa muscular y afectar la calidad final de la carne. Trabajos realizados en bovinos muestran que la suplementación proteica y el acceso a pasturas de mejor calidad durante la gestación favorecen el desarrollo muscular, aumentan el rendimiento al gancho y mejoran la terneza de la carne.
Los efectos también alcanzan al futuro reproductivo de las hembras. “El desarrollo de los órganos reproductivos ocurre principalmente durante el primer tercio de la gestación”, explicó el especialista del INTA quien detalló que, si en esta etapa se produce una restricción nutricional, puede reducir la reserva folicular ovárica de las futuras vaquillonas. “Además, existen evidencias de que la suplementación durante el último tercio de la preñez permite obtener hembras más pesadas al destete y al inicio del servicio, además de mejorar los índices de preñez”, indicó Sebastián Lopez Valiente.
La salud de los terneros es otro de los aspectos alcanzados por la programación fetal. La nutrición de la madre influye sobre la producción y la calidad del calostro, el desarrollo del intestino del recién nacido y su capacidad para absorber anticuerpos.
Como consecuencia, “los animales nacidos de vacas que atravesaron restricciones nutricionales presentan mayor predisposición a enfermedades respiratorias y digestivas”, señaló Rodríguez, A., especialista de la Estación Experimental Agropecuaria Cuenca del Salado del INTA, quien agregó que, cuando la restricción ocurre en vaquillonas de primer parto, los terneros muestran una menor capacidad para producir calor inmediatamente después del nacimiento, lo que incrementa su vulnerabilidad frente al estrés por frío.
En la Argentina, una proporción importante del rodeo de cría enfrenta restricciones nutricionales durante el invierno, una etapa que generalmente coincide con la segunda mitad de la gestación. En algunos planteos esta situación responde a una estrategia para reducir costos de alimentación; en otros, es consecuencia de la menor disponibilidad de pasto.
Para los especialistas del INTA, la evidencia disponible obliga a ampliar la mirada sobre el manejo de la vaca gestante. “Ya no se trata solamente de asegurar buenos índices reproductivos, sino de comprender que las decisiones nutricionales durante esos meses también determinan el potencial productivo de la próxima generación”, explicó Rodríguez.
Aunque todavía quedan interrogantes sobre los mecanismos biológicos involucrados y su impacto económico, las investigaciones buscan aportar herramientas para optimizar la productividad de los sistemas de cría desde el inicio mismo de la vida del animal.
FUENTE: INTA INFORMA










