Suelos: claves para minimizar la pérdida de recursos en el semiárido

Ante la mayor frecuencia de lluvias intensas, el manejo de la cobertura y la conservación del carbono orgánico son fundamentales para proteger la estructura del suelo. Especialistas del INTA brindan recomendaciones para ajustar las prácticas de manejo, estabilizar ambientes degradados y aplicar estrategias de sistematización que permitan mitigar la erosión y sostener la productividad.

La erosión hídrica representa uno de los principales procesos de degradación del suelo en las regiones semiáridas del centro del país. Según un estudio realizado por el INTA en la cuenca de El Morro, San Luis, la intensidad de este fenómeno no depende exclusivamente de la cantidad de lluvia, sino de la interacción entre la textura, el contenido de carbono orgánico y el manejo productivo.

Pablo Peralta, investigador del INTA-Conicet, explicó que el objetivo del estudio fue entender cómo interactúan estos factores bajo lluvias de alta intensidad, para lo cual se utilizó un simulador de campo que aplicó una lámina de 36 milímetros en solo 10 minutos. “Los resultados indicaron que los suelos bajo uso agrícola perdieron entre dos y siete veces más sedimentos que los suelos bajo vegetación natural ante estos eventos críticos”, explicó.

Juan Cruz Colazo, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria San Luis, señaló que las tasas más altas de erosión se asociaron con suelos agrícolas que presentan menor contenido de carbono orgánico, lo que deriva en una menor estabilidad estructural y mayor susceptibilidad al desprendimiento de partículas.

“El estudio determinó que, a menor carbono orgánico, mayor es la erosión, especialmente en aquellos suelos con mayor proporción de limo y arcilla”, indicó Colazo, y agregó: “La relación entre el escurrimiento y la erosión no es lineal. En los suelos bajo vegetación natural, los fenómenos de hidrofobicidad generan una lámina de agua que actúa como capa protectora. Además, sostuvo que “aunque pueden tener más escurrimiento, presentan menores tasas de desprendimiento de sedimentos que los suelos agrícolas”.

Recomendaciones para la conservación del suelo

Frente a este escenario, el manejo de la cobertura vegetal es la herramienta más efectiva para reducir la erosión. Colazo enfatizó en la necesidad de mantener niveles de cobertura de al menos el 30 %, lo que se logra mediante la inclusión de cultivos de cobertura como el centeno durante los barbechos y un manejo cuidadoso de los rastrojos en siembra directa. “Estos cultivos protegen la superficie del impacto de la gota de lluvia y, a través de sus raíces, ayudan a mantener los agregados en suelos sueltos”.

Por otro lado, el especialista indicó que para aquellos ambientes donde el carbono se encuentra debajo del 0,5 % o en áreas marginales donde la agricultura no es viable, se recomienda la incorporación de pasturas perennes como la alfalfa o el pasto llorón, que permite estabilizar el sistema y recuperar la estabilidad estructural.

Adicionalmente, desde el INTA destacaron que el manejo debe adaptarse a la textura específica de cada ambiente. “Mientras que los suelos arenosos requieren cobertura para evitar el desprendimiento, los franco arenosos demandan especial atención por combinar alto escurrimiento con elevada susceptibilidad al arrastre”, explicó Peralta.

“A escala de cuenca, la sistematización del terreno mediante obras como terrazas, que permiten disminuir la velocidad del escurrimiento superficial y favorecer la infiltración, son fundamentales”, concluyó Colazo.

FUENTE: INTA Informa