Analizar la calidad de granos, clave para la agroindustria argentina
Con el objetivo de caracterizar parámetros nutricionales y funcionales en oleaginosas, el INTA Paraná avanza en el estudio de porcentajes de proteína, aminoácidos y fósforo a nivel regional para identificar ambientes con mayor potencial para distintos usos industriales y nutricionales. Trabajos recientes sobre soja, lino y colza brindan información para mejorar la eficiencia productiva y la calidad de las materias primas destinadas a la industria alimentaria y energética.

El estudio de la calidad de granos llevado a cabo por el INTA Paraná se centra en tres oleaginosas estratégicas para la agroindustria nacional: soja, lino y colza. El objetivo de las investigaciones es aportar información clave para la industria de alimentos y la producción energética.
“Analizar la composición de los granos permite agregar valor desde el conocimiento, optimizar la eficiencia de uso en las cadenas agroalimentarias y orientar estrategias de mejoramiento genético y manejo agronómico”, explicó Maricel Gallardo, investigadora responsable del Laboratorio de Calidad de Cereales y Oleaginosas y destacó la importancia de estudiar parámetros nutricionales y funcionales en los principales cultivos argentinos.
En el caso de la soja, el equipo de la EEA Paraná —con la participación de las Agencias de Extensión Rural del INTA en Entre Ríos, y Diego Santos como parte del equipo— realizó entre 2021 y 2024 un relevamiento del contenido de proteína, aceite, fósforo y aminoácidos en granos recolectados en distintos departamentos de la provincia. Los resultados mostraron una concentración promedio de proteína del 35,3 % y de aceite del 23 %, con variaciones entre años y zonas.

“La soja es un cultivo clave en Argentina y conocer su calidad a nivel regional nos permite identificar ambientes con mayor potencial para distintos usos industriales y nutricionales”, señaló Gallardo. Esta información —agregó— permitirá planificar acopios más precisos y seleccionar los granos más adecuados para cada destino, ya sea alimentario o energético.
A nivel nacional, el trabajo se enmarca en la Red de Calidad, coordinada por Cecilia Accoroni, lo que potencia el alcance y la aplicación de los resultados a gran escala.
El estudio también analizó el perfil de aminoácidos y fósforo, fundamentales para la nutrición animal. Además, determinó que el contenido de lisina fue superior al promedio nacional, al alcanzar un 6,8 % en 2021 y un 5,8 % en 2022. Regiones como Diamante y Paraná se destacaron por su aporte de lisina, mientras que Villaguay y Paraná mostraron altos niveles de fósforo. “Estos datos ofrecen herramientas concretas a los productores para mejorar la eficiencia de la producción avícola local, ajustando la elección de cultivos según las necesidades nutricionales”, subrayó la investigadora.
Asimismo, el lino fue objeto de otro trabajo liderado por Gallardo, orientado a evaluar el rendimiento y contenido de aceite en siete cultivares. “El lino se destaca por su elevado contenido de ácido α-linolénico, un omega-3 con efectos beneficiosos sobre la salud cardiovascular. Mejorar su rendimiento y calidad es clave para responder a la demanda de aceites saludables y sostenibles”, explicó.

Los ensayos, realizados en la EEA Paraná, mostraron diferencias significativas entre cultivares y fechas de siembra, con las que se comprobó que la siembra temprana favorece tanto el rendimiento como la acumulación de aceite. Esta sensibilidad del cultivo a las condiciones ambientales durante el llenado del grano brinda información útil para definir estrategias de manejo que potencien su valor funcional.
En una línea complementaria, el equipo del INTA Paraná analizó la colza, una oleaginosa de invierno con alto potencial para diversificar rotaciones y aportar materia prima tanto a la industria alimentaria como a la energética. El estudio incluyó cultivares evaluados en Barrow, Bordenave, Paraná y Quimilí, representando distintas regiones agroecológicas del país.
De acuerdo con Leonardo Coll, referente técnico del INTA Paraná, “la colza ofrece una oportunidad estratégica para producir aceites de alta calidad y biocombustibles en regiones templadas del país”. Los resultados mostraron que el contenido de aceite depende fuertemente del ambiente, con valores superiores al 45 % en algunos cultivares de Barrow y Paraná, y más bajos en regiones cálidas y secas como Quimilí. “Identificar genotipos con alto contenido de aceite en ambientes favorables es esencial para el desarrollo de biocombustibles y alimentos funcionales”, destacó Coll.
Por su parte, Gallardo señaló que “los resultados evidencian la importancia de seleccionar cultivares adaptados a diferentes ambientes, algo que es clave tanto en la producción de biocombustibles como para satisfacer las demandas de la industria alimentaria”.
De esta manera, los estudios sobre soja, lino y colza convergen en un mismo propósito: profundizar el conocimiento sobre la calidad de los granos argentinos y brindar información estratégica para la industria y los productores. “Desde el INTA Paraná buscamos generar información de base que sirva tanto a productores como a las industrias, aportando a la competitividad y sustentabilidad de las cadenas agroalimentarias”, concluyó la investigadora.
FUENTE: INTA Informa







